Pablo Gerschuni

Guiris, catalanes y el centro en bicicleta

insostenible

Ya no se puede cruzar el centro en bicicleta. La situación es insostenible. El ayuntamiento prefiere darle más importancia al comercio que a la necesidad de los ciudadanos por trasladarse de un lado a otro. Me quejo desde el punto de vista del que monta en bicicleta, aunque estoy seguro de que los peatones también tienen mucho que decir, seguramente contra nosotros, porque el ayuntamiento nos está poniendo en contra.

Primero destruyen el carril bici de Paral·lel, provocando el caos general en las amplias aceras de esa avenida. Bicicletas bajan, suben, señoras que van a comprar el pan, abuelos que pasean, terrazas que invaden casi todo el espacio, cruces de calles infernales con pasillos de rejas de medio metro… aunque vayas caminando con la bici entre las piernas, te llevas a alguien por delante. Gritos, miradas asesinas y algún que otro insulto gratuito. Solución: evitar Paral·lel. ¿Cómo voy al centro? Venga, Gran Vía, Hospital, Portaferrisa, Via Laietana.

Pero, en uno de mis trayectos habituales al trabajo, para optimizar el tiempo, me veo obligado a pasar por la plaza de la catedral. Amplia plaza dura, perfecta explanada del mal. Malditas ferias, mercadillos del demonio y mierdas varias que se empeñan en poner allí. Que si el mercado del vino, de la miel, de las butifarras, de la paja o de antigüedades con precios desorbitados, esa plaza es de todo menos una explanada agradable para pasar en bicicleta. En verano hay que aguantar las hordas de turistas sacándole fotos a la catedral, pero en invierno hay que aguantar a los catalanes que bajan a comprar caga tiós, caganers, molsa y porquería navideña a la infame feria de Santa Llúcia. No sé qué es peor, porque como son del país, se creen con el derecho a insultarte y darte lecciones de “civismo”, al encontrarse ante la vorágine de la selva que no pisan más que en estas fechas. “La bici per aquí no, jove! Que no veu que hi ha una fira? Mare de déu del Pilar. Macagun la pell del gitano vell!”. Porque para más inri, las hordas de turistas no menguan, sino que cambian los pantalones cortos por abrigos largos. Y los catalanes se sienten más cosmopolitas cuando oyen a un guiri preguntarle al Antonio del puesto navideño: “Oh lord, what’s that? Caganer? What does it mean?” Entonces se sienten más importantes y se confunden y al final los enemigos pasamos a ser los pobres ciclistas y no ellos, que colapsan las pequeñas calles de nuestro centro. Y si está lloviendo, bueno, eso ya es una deconstrucción de hostia en vinagre.

Volviendo al tema de la navidad y las malas transformaciones que sufre la ciudad, desde mediados de diciembre hasta después de reyes, uno de las calles que más apaleada resulta es la pobre Gran Vía de les Corts Catalanes. Queda inutilizada, vendida a comerciantes de juguetes rancios, productes de la terra, perfumes de pegolete, artesanía revenida y churros grasientos en las esquinas, todo al servicio de una multitud de catalanes que ¿pasean? de un lado al otro viendo las mismas tiendas repetidas una y otra vez ad infinítum.

¿Se supone que tengo que desviarme y darle la vuelta al Tibidabo, cruzando el Besós, para llegar al trabajo? ¿Por qué a todo el mundo le parece bien que invadan los carriles bici? ¿Por qué no lo hacen con la calle? O mejor aún, para no generar conflictos, ¿por qué no tienen en cuenta que por esa parte de la acera pintada con una raya blanca pasan al día cientos de ciclistas? ¿Por qué pueden anular un carril bici con cualquier excusa? ¿Y el “viu bicing” convergent del que tanto se enorgullecen? ¿Acaso porque es invierno la gente no puede ir en bici? ¿No nos estabais vendiendo la bicicleta como el transporte urbano más sostenible y saludable? Ah, claro, si se trata d’omplir-se la butxaca, no lo dudáis ni un segundo. La pela és la pela. Hipócritas. La bicis son para todo el año, no solo para el verano de los anuncios de Estrella Damm. ¡Devolvednos los carriles!

En fin, después del horario laboral hay que volver a casa. ¿Rodear el centro o atravesarlo? Quiero llegar rápido, así que me lanzo a mi suerte. Hostia, no, ¡que no hay carriles bici por Ciutat Vella! Porque incluso por la calle Ferran, que es una calle, es un infierno pasar en bici. Todo el año está lleno de guiris caminando por el medio de la calle, lo “bueno” es que al menos a ellos les tocas el timbre y se apartan. Al final te acostumbras a la fuerza, vas más lento pero consigues atravesar la marabunta. En navidad no. Mucha luz colgando, mucha compra, pero poca consideración para los ciclistas. No se puede educar a los guiris, pero a los oriundos sí. Que se acostumbren a convivir con manadas de turistas, que prediquen con el ejemplo y usen las aceras, que entiendan que el centro ya no es lo que era y que tengan en cuenta que la calle es calle y no un centro comercial. Respetémonos y dejadme pasar en bici, hombreyá.

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